«Conservando nuestra identidad aportaremos un poco de lo nuestro al mundo» | Antoni Ribas Costa, “Toniet”

Reinhard Huaman Mori [RHM] Cincuenta años de trayectoria, Toniet, ¿cómo te sientes al echar un ojo hacia atrás, hasta tus inicios?

Antoni Ribas Costa [ARC] Me siento bien, muy bien porque esto te hace rememorar, rebobinar un poco tu propio recorrido. Por ejemplo, con esta última exposición, “Paraules dins la terra”[1], he podido ver y recordar cosas que había olvidado que había hecho (risas). Es una sensación muy agradable. Estoy contento y si no se hubiese hecho nada, quizás todo esto hubiera pasado desapercibido. Pero al haberme preparado esta exposición, que es muy importante para mí y, además, al haberse publicado muchos artículos en la prensa, todo me ha hecho regresar muy atrás, incluso hasta hacer que me acuerde de piezas que desconocía.

 

[RHM] En la cerámica, la figura del maestro es fundamental. ¿Podrías decirnos cuán relevante es?

[ARC] Sí, la cerámica tiene su propias particularidades. Y en este caso, en nuestro hábitat, en nuestro entorno, es muy importante porque en España los que sabían de cerámica eran los árabes y, al echarlos a patadas, se llevaron consigo sus conocimientos y aquí nos quedamos un poco “huérfanos” u “òrfans”, como se diría en ibicenco. Entonces, la cerámica ha ido evolucionando un poco gracias a gente que se implicaba y pasaba su saber a otros. Luego empezaron las escuelas de cerámica, pues en España hubo una época en que se la estudiaba, aunque con fines industriales, durante un lapso de 50 o 60 años. En ese sentido, la cerámica estaba un poco coja, ya que se entendía como algo del pueblo hecho para el pueblo y se tenía otra concepción de cómo se debía  trabajar. Ahora eso ha cambiado, ha vuelto a renacer, y todo gracias a los maestros que nos han transmitido sus conocimientos. Y creo que ha sido también a nivel global.

 

[RHM] En tu caso, ¿cuáles han sido los que han dejado mayor huella en ti y cómo has interiorizado sus enseñanzas en tu obra?

[ARC] Los que me han dejado más huella han sido los que he conocido de primera mano y que me han aconsejado y me han enseñado un poco el camino. Pero también reconozco como maestros a gente que me marcó en ciertas épocas, por ejemplo, a Llorens Artigas. Todos los ceramistas de mi edad lo reconocen como maestro, porque él hizo evolucionar la cerámica. Aquello tiene un peso importante en nuestra trayectoria. Mi primer maestro fue un hombre que ni siquiera era ceramista, pero me enseñó lo que sabía. Era un profesor de la Escuela de Artes que se llamaba Antoni Pomar y era un conocido pintor, que estaba muy interesado en la cerámica; y que en la escuela hacía un curso de modelado. Esos fueron los primeros pinitos que hice. Luego, también allí, conocí a Joan Daifa y con él hice clases de torno. Posteriormente, fui a Barcelona en una época en la que se podía aprender algo, aunque no mucho tampoco. Entré en contacto con un ceramista que me interesó bastante y que tenía una escuela en Sabadell: Isidre Creus. Este hombre tuvo la suerte de compartir mucho tiempo con los monjes del Monasterio de Montserrat, quienes eran ceramistas con una base consistente, ya que ellos siempre han tenido la buena costumbre de almacenar y archivar conocimientos. Pero desde que yo empecé a trabajar, el maestro más importante fue Gabrielet (Antoni Tur Costa). Quizás me dejo alguno, pero ninguno de lo más relevantes.

 

[RHM] Ahora el tiempo ha hecho girar las tornas: tú para muchos eres un gran maestro ceramista.

[ARC] Bueno… sí, yo enseño lo que sé. No me considero, ni me he considerado jamás un maestro. Pero quienes reconocen a alguien como “maestro” son los alumnos: si ellos te consideran su maestro, entonces lo eres; si te ven como un amigo, eres un amigo; y se te ven como otra cosa, pues… (risas). Es importante adoptar esta actitud en la vida. El nivel te lo ponen los otros.

 

[RHM] Desde tu particular acercamiento y relación con los alumnos, ¿en qué incides o qué es lo principal que les inculcas a ellos?

[ARC] Esta es una buena pregunta… Mis clases siempre han funcionado muy bien. No es la típica clase de cerámica que uno tendría en una Escuela Oficial, es decir, que todos deben hacer el mismo ejercicio y esas dinámicas. Yo ahora tengo un alumnado muy heterogéneo, con gente que viene de otras disciplinas. Algunos saben de arte, otros no, y todo eso es de gran importancia porque es un caldo de cultivo muy interesante. Se convierte en una ayuda mutua para todos, pues son muchas concepciones de la vida que confluyen en un mismo objetivo, que es hacer cerámica. Lo primero que enseño es a reconocer las materias primas, no solo en la teoría, sino tocándolas y conviviendo con ellas. El gran problema es que todos tenemos una idea sobre una cosa determinada, pero superficial. Por ello, lo principal es que el alumno tenga un contacto directo con los materiales con los que va a trabajar. Que su comportamiento le lleve a tocarlos, a palparlos a verlos. Es como un equilibrista que tiene que conocer sobre qué tipo de cuerda debe caminar y cuáles han de ser las precauciones que ha de tomar para no caerse. A partir de aquí lo que viene es ya una evolución natural, pues cada alumno tiene una visión de lo que quiere o no quiere hacer. Generalmente, la gente tiene todo esto claro e intento que no se pierda, pues lo vital es que cada persona sea autosuficiente y autónoma. Nunca se me ha ocurrido decir en una clase: “Hagan todos este ejercicio” (risas).

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[RHM] Unas clases muy interesantes y motivadoras, las tuyas…

[ARC] Si te puedo contar una anécdota… A mis clases ha asistido durante mucho tiempo una alumna japonesa, que venía desde su país. Estaba tres meses, luego se iba y volvía, y así en esa dinámica. Un día, esta alumna me preguntó si podía acompañarla una amiga suya. Le dije que sí, sin problemas, y llegó con una de las ceramistas que más me gustan, Hisae Yanase, una artista japonesa, profesora de la Escuela de Cerámica de Córdoba, de la que yo había visto recientemente una exposición. Bueno, vino y al final estuvimos charlando un rato y se fue contenta. Al cabo de unos días, le pregunté a mi alumna la razón por la que no asistía a las clases de su amiga, ya que ella es una muy buena ceramista. Entonces me dijo que le gustaba venir a mis clases porque en ellas todo el mundo hace lo que quiere (risas).

 

[RHM] Tu cerámica privilegia los motivos y las temáticas mediterráneas, siempre muy marcada por el entorno natural ibicenco. Pero, ¿hay otras influencias en tu obra? ¿Cuáles son?

[ARC] No, te lo explico. Yo nunca me he planteado mantener un estilo, ni siquiera lo he buscado, resultaría muy aburrido. Lo que sí he estado muy abierto a todas las impresiones que recibo. Estas pueden venir de una piedra que encuentro, de una raíz de una planta o de cualquier cosa que tenga un mensaje para mí. De mi cerámica siempre digo que está muy arraigada a mi tierra, pero creo que no me explico bien: lo que quiero decir es que está arraigada a nuestra Tierra, porque es muy extensa y amplia. Recuerdo que antes, para ir a Barcelona, tardabas unas 15 o 20 horas; ahora en 14 horas vas a la otra parte del mundo. Por ejemplo, al pasear por mi propio patio he encontrado piedras, troncos, maderas y de ellas han salido cerámicas.

 

[RHM] La cerámica, en tanto manifestación artística, es la más utilitaria y la que más presente está en nuestro día a día. ¿Cómo dialoga lo útil y lo ornamental en tus piezas? ¿Hasta qué punto se impone uno sobre lo otro en tu obra?

[ARC] En que la materia es la misma. Picasso definió muy bien lo que es arte y lo que no lo es, a su manera… Pero yo creo que tenía razón. En ello ha habido siempre mucha controversia. Por ejemplo, ahora estoy leyendo una nueva edición de este libro, Història de l’art de E. H. Gombrich, y en él se afirma que el arte no existe y además te lo razona. Es igual como en pintura: una cosa que está pensada para darle un uso no es arte. Eso lo decía Picasso. Así que el arte es algo que no sirve para nada (risas). En todo caso, si es un cuadro o un plafón, puede servir para tapar una pared (risas), pero más de eso ya no. Una cosa utilitaria… Por ejemplo, la cultura japonesa tiene un museo dedicado a los recipientes con lo que se bebe el té, el raku, cuyo origen viene de la China. Pero no porque  consideren que es o no arte: lo que para ellos es arte es la misma ceremonia del té, la cual además consideran sagrada. Es porque se trata de un símbolo. Están allí expuestos en un museo y para ellos es arte, aunque para mí la concepción de los japoneses sea un poco difícil de entender. Con todo, tienen las ideas bastante claras en este aspecto. En Europa, en Occidente, el arte ha tenido una evolución muy precipitada en los últimos años, pero históricamente ha sido así: va a comenzar en Egipto y de ahí a Grecia y de ahí a Roma y de ahí todo ha ido cambiando en función de cuál era en aquel momento la cultura que dictaba las pautas. Roma, por ejemplo, optó por la obra pública sin prescindir de los artistas, muchos de ellos griegos quienes se tuvieron que adaptar a las condiciones y a la concepción de la vida romanas.

 

[RHM] ¿Cuán importante es la presencia de la cerámica, tan ligada a la tierra, en un mundo tan virtualizado y desapegado de su realidad?

[ARC] Esta es una pregunta difícil para mí, porque la importancia que tiene la cerámica, la tierra, o mejor, la arcilla a nivel plástico procede de que es un elemento primigenio, que existía antes que nosotros. Entonces, ¿qué pasa?, ¿cuáles son los motivos por los que ha evolucionado el hombre, que lo hicieron hábil? Según los antropólogos, la arcilla fue lo primero que emplearon, pues los primeros recipientes que usaron los humanos fueron trozos o cortezas de árboles para guardar alimentos y líquidos, pero se dieron cuenta de que éstos tenían poros o que sudaban. Luego, advirtieron que la arcilla retenía el agua y la empezaron a emplear para cubrir los poros. Luego vieron que si le das una forma a la arcilla, esta la conserva. En fin… Fue toda una evolución de la mano del hombre, por eso yo considero que la arcilla es un material que ha ayudado a crecer al hombre, a desarrollar su inteligencia. Y creo que ahora estamos en un punto —me doy cuenta en las clases— en que, cuando la gente practica y se hace hábil con las manos, le va muy bien a todo el cuerpo. Ahora, con la pandemia, he visto que Madrid está plagada de escuelas de cerámica. Justo hoy he visto un artículo sobre esto que me ha llamado la atención, en El País[2]. Quizás el efecto que la cerámica ejerce sobre quien lo practica es terapéutico...

 

[RHM] ¿Sigues alguna rutina de trabajo? Es decir, adaptas tu trabajo a una disciplina o entiendes el arte más como un impulso?

[ARC] Yo tengo una disciplina, rígida, muy rígida, debo decir. El cuerpo me lo pide. Mi disciplina, aunque no tenga ganas de trabajar, me lleva a ver qué pasa, a observar lo que tengo en el taller, a darme una vuelta por el jardín o a irme a algún otro lugar a pasear. Y entonces enseguida me dan ganas de hacer cosas. Si yo me siento delante de la TV, me aburro (risas); ahora, si voy al cine es porque me gusta y si viajo a alguna ciudad me gusta pasear, pero entonces yo añoro esto, extraño mi rutina. Soy también disciplinado en el sentido de que me levanto a una hora determinada, porque el cuerpo me lo exige, no por obligación. Yo, si quisiera, ya me habría jubilado. Pero todavía disfruto trabajando, lo hago cada día.

 

[RHM] Actualmente, ¿qué técnicas y materiales utilizas en tu taller?

[ARC] Yo lo he simplificado mucho, siempre parto de las materias primeras. De las materias que se han comercializado con un código y un nombre he llegado a la conclusión de que no son lo más saludable, porque acabas trabajando sin saber con qué estás trabajando. Entonces se pierde la visión de la materia. Es muy importante el conocimiento de las materias primas y también es necesario un poco de esfuerzo. Por ejemplo, cuando haces una pasta, la haces a tu gusto, no estás trabajando con una pasta que has comprado y que desconoces. Siempre que hablo con los ceramistas de ciudad les meto caña con eso, pues tienen el vicio de ir a la tienda y comprar pasta, y luego no les sale lo que querían hacer y todo son quejas sobre lo difícil que es la cerámica. ¡Eso es mentira, eso es falta de conocimiento! Si uno controla las materias primas —lo cual no es fácil— resulta accesible para todo el mundo. Materiales hay muchos, pero no necesitas tenerlos todos. Basta con un par de arcillas, una blanca, otra más oscura o roja, y una serie de antiplásticos que empleamos para que no sean muy plásticas, pues son necesarias también otras más bastas, además de óxidos metálicos. Todo esto hace que tengas las materias primas que te permitirán hacer lo que desees: no tienes límites.

 

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[RHM] Siguiendo con lo que dijiste que ahora estás trabajando con las materias primas, estás siempre experimentando en la cerámica…

[ARC] Toda la vida. Cuando yo empecé a hacer cerámica, no vendían los materiales como ahora, que los puedes comprar por Internet. Eso no existía. Lo primero que me enseñaron mis maestros fue a preparar mis propias pastas, esto es, ir a una cueva a buscar tierra. Sí, sí, pues fue lo primero que habían hecho ellos: ir a una cantera o a una cueva a buscar arcilla, luego la preparaban y la convertían en cerámica. Eso es muy gratificante y te da una base muy consistente, como hacer un edificio con una base estable para siempre. Esta dinámica me ha ayudado a conseguir lo que he querido hacer.

 

[RHM] Háblanos un poco del aspecto pictórico en tu obra. ¿Cuáles son las técnicas que utilizas con mayor frecuencia?

[ARC] La cerámica te permite, si dominas los pigmentos y los colores cerámicos, hacer pintura y escultura. Puedes hacer también vajillas y cosas utilitarias (risas). Yo hago de todo, porque hay veces en las que me digo: hoy voy a hacer un plato para una ensalada payesa (risas). Pero que no sea de estilo de fábrica, sino que tenga elementos de nuestro ambiente.

 

[RHM] ¿Consideras que en la Ibiza actual —turística y masificada—, la cerámica tiene continuidad en el futuro? ¿Son muchos los ceramistas ibicencos que desean atreverse en este milenario oficio?

[ARC] Sucede que la cerámica que yo conocí en Ibiza, hace 50 años, no se parece en nada a la que se hace ahora. En aquel entonces también se hacían cosas de calidad artística. Daifa, por ejemplo, tenía una iconografía propia y bastante apreciada por mucha gente. Pero la mayoría provenía de la cerámica tradicional: utilitaria, muy limitada y en la que apenas se hacían esmaltes porque tampoco existía el plástico en Ibiza. La mayoría de las cosas que se empleaban en una casa eran de cerámica, de lata o de hierro. Ahora es diferente, la concepción de la vida ha cambiado: coges un avión y estás en Ámsterdam, Berlín o Londres, donde ves cosas que te influyen. En Europa creo que cada día somos todos más iguales: la experiencia es más rápida, todos visten de la misma manera, comen de la misma manera, todo es más homogéneo. Antes había unas diferencias bestiales: ir a vivir a Barcelona implicaba un cambio radical. Con todo, yo me siento más identificado con esta tierra, y no es que yo sea una persona que defienda una frontera o que crea en fronteras. Todo eso me parece un cuento. Pero si conservamos un poco de nuestra identidad, podremos aportar un poco de lo nuestro al conjunto. Y eso lo considero muy importante.

 

*Traducción del catalán y fotografías

de Reinhard Huaman Mori

 


 

Notas

[1] Exposición organizada por el Consell d’Eivissa en Sa Nostra Sala, en abril de este año.

[2] Link del artículo: https://elpais.com/icon-design/2021-08-27/pagar-por-ser-alfarero-por-que-cada-vez-hay-mas-listas-de-espera-en-madrid-para-meterse-en-la-piel-de-un-artesano.html

 


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Antoni Ribas Costa, "Toniet"

[Eivissa, 1955] es uno de los maestros ceramistas baleares más relevantes de la actualidad, con 50 años de trayectoria artística.

En la actualidad, combina la enseñanza y la creación desde su taller, ubicado en Sant Jordi de ses Salines, en la isla de Ibiza.

Reinhard Huaman Mori

[Lima, 1979] Ha publicado los poemarios el Árbol (2007) y fragmentos de Fuego* (2010), así como la plaquette de poesía Ella (12 secuencias) Isabel Archer (2015). Sus poemas sueltos y dispersos aparecidos previamente en revistas, diarios y antologías han sido reunidos y publicados en el volumen titulado E·C·O·S (2019). Fue director de la revista Ginebra Magnolia.

 

Actualmente, es el OJO izquierdo de esta revista.

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